
Tres mujeres palestinas moliendo grano con un molino manual. J.F. Harvis Publisher. Underwood&Underwood. Colección Fundación FBS
Una fotografía de finales del siglo XIX, conservada en la Fundación FBS, muestra a tres mujeres palestinas moliendo grano con un molino manual. Sentadas en el suelo, rodeadas de cestas y harina, representan una escena cotidiana. Sin embargo, esta imagen, distribuida por la empresa estadounidense Underwood & Underwood y editada por J.F. Harvis, va más allá del simple documento etnográfico: es una construcción visual cuidadosamente seleccionada y enmarcada al servicio de una narrativa colonial.
La fotografía lleva impresa una cita bíblica que conecta la escena con el imaginario cristiano: “Dos mujeres estarán moliendo en un molino; una será tomada y la otra será dejada.” (Mateo 24:41). Estas imágenes, reproducidas en masa y vendidas en Europa y América, reforzaban la idea de un Oriente detenido en el tiempo, pero a la vez pintoresco.
En ese momento, Palestina formaba parte del Imperio Otomano, aunque ya era objeto de creciente interés europeo. Décadas más tarde, tras la Primera Guerra Mundial, pasaría a estar bajo control británico. Las imágenes como esta, tomadas en un contexto otomano, circularon en Occidente como si pertenecieran a un territorio sin historia propia.
Este tipo de representaciones no se limitaban a álbumes o catálogos. En las grandes exposiciones universales del siglo XIX, como la de París (1889) o la de Chicago (1893), se construyeron pabellones enteros dedicados a mostrar culturas no europeas como si fueran parte de un museo viviente. Palestina, aunque sin pabellón propio, fue representada a través de fotografías, objetos y escenas que la reducían a meros decorados bíblicos. Las mujeres moliendo grano, los mercados de piedra y las vestimentas tradicionales eran presentados como pruebas de una autenticidad congelada en el tiempo.
Hoy, esta fotografía nos invita a mirar más allá de lo que muestra. Nos recuerda cómo la imagen de Palestina ha sido construida desde fuera, y cómo esas representaciones han contribuido a silenciar voces, borrar historias y fijar una narrativa ajena. En un presente marcado por la violencia, la ocupación, recuperar estas imágenes desde una mirada crítica es también un acto de resistencia: una forma de afirmar que Palestina no es solo un pasado pintoresco, sino también un presente vivo y un futuro por imaginar.